Independencia de la España Idiota

. jueves, 17 de marzo de 2011
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La mayoría de la izquierda en Hego Euskal Herria apuesta por la independencia como paso previo, necesario, para la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Desde luego no lo hace bajo la premisa de un RH diferente, tampoco se remite sólo a criterios historicistas y está en las antípodas de las reaccionaras propuestas del carlismo. Reclama la independencia ciñéndose a la voluntad de la actual ciudadanía, a la que se deberá consultar para que ejerza su derecho a la autodeterminación. Esta apuesta plural e insisto, de izquierdas (porque la derecha, especialmente la local, UPN-PNV, jamás ha querido depositar la confianza en su propio pueblo y siempre ha preferido apoyar a quienes lo oprimen, para salvaguardar sus intereses socioeconómicos), debe ser lo suficientemente inteligente como para agrandar su ya enorme potencial hacia quienes dudan, temen o desconfían del concepto de independencia. De ahí que sea preciso dejar claro que no se trata de una opción nacionalista ni sectaria y que, como parafraseaba el subcomandante Marcos, se apoya en una identidad colectiva que no es un simple legado que se hereda, sino una imagen que se construye, que cada pueblo se crea, que es variable y cambiante según las necesidades históricas. La más urgente, acabar con años de enfrentamiento armado y allanar el camino para una nueva manera de confrontar democráticamente los distintos proyectos políticos.
Uno de los argumentos para reforzar la apuesta por el independentismo es la situación del estado español, inmerso en la idiocia desde hace siglos y acentuada en los últimos tiempos. Idiota, del griego idiotes, era en la Grecia clásica aquel ciudadano que estaba voluntaria y egoístamente al margen de los asuntos públicos. Euskal Herria no se ha librado de esta pandemia, pero es obvio que el movimiento popular y la resistencia contra la represión han creado un caldo de cultivo que, de entrada, ha politizado e implicado en mayor medida a la ciudadanía. En el estado español la mayoría de la sociedad está fuera del juego participativo y engulle el mensaje nacionalista español del poder establecido sin decir ni .
La isquemia política del nacionalismo español, de los negacionistas del PP y de la izquierda trucada del PSOE, han provocado que el estado español tenga el doble de paro y de temporalidad que la UE, se haya convertido en el que más billetes de 500 euros (dinero negro) posee y en el que mejor paga a los altos directivos, aunque el salario medio de los ciudadanos españoles sea la mitad que el de los de Holanda o Alemania. Los defensores de la reforma con el franquismo han convertido al viejo imperio español en el país con más desigualdades del continente. Los mismos defensores de la transición definida por Bergamín como “muerto el perro (Franco), se murió el perro, pero no la rabia”, han sido expertos, por acción u omisión, en manipulación mediática para ahondar en la enfermedad política de su ciudadanía, distrayendo sobre lo importante con cuestiones insignificantes, potenciando la mediocridad y creando problemas y soluciones para que aceptemos sin rechistar “males necesarios” (por ejemplo la crisis económica y la aceptación como inevitable de la pérdida de derechos sociales y la venta en oferta de la propiedad pública, sea AENA o las Cajas de Ahorros).
Independencia para evitar a quienes, como en la tercera de “ABC”, dicen que “la unidad de España no es solo un bien político, sino también un bien moral, por lo que el principal problema de España es su vertebración, su ser como nación…” y también para huir de la atrofia política de un estado sitiado por Belén Esteban, la duquesa de Alba o la borbonada del momento. Independencia para no sepultar la memoria en los posos del olvido y recuperar la utopía para una sociedad más democrática por participativa, con movimientos e iniciativas sociales que empujen y den contenido político a la nueva república vasca. Desde el internacionalismo y solidarios con las izquierdas, de forma preferencial, de los pueblos de los estados español y francés, ¡independentzia!

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